MANUEL RODRÍGUEZ                                                        

  "SU ÉPICA Y TRAGEDIA EN EL FOLKLOR MUSICAL"

                           
                          (Retrato de Manuel Rodríguez de A Carvallo. 
Fuente de la imagen: https://www.latercera.com/culto/2019/06/30/aun-tenemos-patria-ciudadanos-manuel-rodriguez-y-la-historia-tras-los-husares-de-la-muerte/

      

La épica es aquella narrativa que permite reafirmar la autoestima y establecer una imagen heroica que un colectivo puede generarse de sí mismo frente a otros, consolidar una memoria cultural acerca de un pasado glorioso, y así tener una certeza de éxito y esperanza respecto de su propio destino. Esa épica la componen hazañas bélicas y personajes emblemáticos que surgen de alguna circunstancia en particular. Empero, las hazañas no son hechos en estado puro ni los prohombres tampoco son figuras libres de interpretación, pues estos últimos también son construcciones historiográficas que a lo largo del tiempo van sufriendo modificaciones de pulido u erosión, dependiendo de las visiones que las sociedades del futuro vayan teniendo del pasado. Y el curso impredecible del tiempo puede iluminar o bien ennegrecer a un personaje pretérito, o incluso borrarlo.

Respecto a la visión histórica que se tiene de los próceres chilenos, la historiografía, como disciplina humanista e integrada a las Ciencias Sociales, no ha estado exenta de debates y discrepancias. Las miradas históricas que se tengan de las cualidades positivas o negativas de un actor relevante de una época, por lo general, no es unánime. Cada héroe nacional ha sido enjuiciado por medio de diferentes criterios y puntos de vista por parte de un historiador (a) o de una corriente historiográfica determinada. Es más, hay que señalar que cada uno de los próceres en el país ha sido valorado por una institución o por una localidad en específico (Ya sea por natalicio o por muerte).

Respecto al rol que juega el arte en este tema, así como el folklor puede basarse en el conocimiento historiográfico, el folclor musical también puede influir en la edificación de una visión histórica acerca de un prócer, ya sea para valorarlo o depreciarlo en algún momento. Un compositor también puede ensalzar o incluso exagerar la magnitud de una guerra, sobredimensionar los atributos de algún guerrero o gobernante que le agrade. Existen algunos ejemplos a nivel mundial y de distintas épocas. Un caso paradigmático es el de los rapsodas de la antigua Grecia. Aquellos helénicos cantores fueron construyendo oralmente relatos mitológicos en base a posibles hechos reales, pero que la fantasía bañó de dioses griegos, de colosales ciudades de oro y héroes con poderes supra humanos. Más contemporáneo es el caso de los corridos y rancheras que tratan acerca de la revolución mexicana iniciada en 1911. Si bien muchas de las canciones abordan temas históricos con datos fidedignos, en algunas de ellas se exageran hechos para generar asombro. Un ejemplo de ello lo encontramos en un corrido titulado “Febrero 23”, composición que trata sobre la incursión militar de Estados Unidos en México para capturar al general Francisco Villa, quien burló al ejército norteamericano en más de una ocasión. Sin embargo, en la letra del corrido hay una desproporción del número de aviones y de soldados estadounidenses que señala la letra.[1] Posiblemente la intención de sus compositores haya sido hiperbolizar la astucia que tenía el revolucionario para ocultarse de sus enemigos.

En el caso chileno, si ha habido un prócer al que los artistas folklóricos y el pueblo no han podido desterrar de su memoria, ese ha sido Manuel Rodríguez (1785-1818). Más allá de la importancia histórica de su papel en el proceso de la independencia (1810-1817), en especial durante el periodo de la Reconquista española (1814-1817), aquel penetró el centro del corazón popular, ya sea por sus méritos reales o por la leyenda que lo fue engrandeciendo. Si Arturo Prat ha sido tomado prácticamente como un logo de la Armada, si la figura y obra de Bernardo O´Higgins han sido rescatadas fundamentalmente por el ejército, Manuel Rodríguez ha sido constantemente exaltado por el arte popular y la cultura folklórica, representando al guerrillero Rodríguez como el sello de la rebeldía, el alma de las luchas patrióticas populares. Si en la Guerra del Pacífico (1879-1883) se vincula eternamente a Prat con la mar y su fatídico destino en el Combate Naval de Iquique, a Rodríguez en la independencia se le asocia con su rol de guerrillero junto al escuadrón de caballería “los húsares de la muerte”, pero también se le conoció por su estrecha amistad con el bajo pueblo, con la vida festiva y desmesurada de las chinganas. Esas facetas de libertario y libertino fueron una constante en su vida pública, y la extensa literatura que se ha hecho de Rodríguez ha recalcado aquello.

De origen aristocrático, aunque con una tendencia a los apuros económicos, Manuel Rodríguez formó parte de un sector privilegiado de la sociedad. Recibió educación escolar (en un extinto establecimiento colonial que se ubicaba en el actual Teatro Municipal de Santiago) y posteriormente estudio leyes. Sin embargo, ¿por qué siempre se le consideró un inadaptado a su estrato social? Uno de los factores es que la familia Rodríguez, pese a tener un alto estatus en la sociedad, tuvo permanentes problemas financieros. El mismo Manuel, a pesar de recibirse de abogado, no habría podido doctorarse debido a que “La pobreza resultaba implacable y Rodríguez no pudo pagar los derechos y propinas correspondientes” [2] . Pero esa no sería la única variable, pues no son pocos los autores que mencionan su personalidad irreverente y su espíritu irreductible para ser un señorito modelo, cual salmón que nada a contracorriente. Rodríguez, en mucha de sus cartas y escritos manifestó haber pertenecido a una clase social enajenada producto de sus costumbres coloniales, y borrega de un sistema monárquico. De acuerdo a la biografía que escribió Ricardo Latcham acerca del prócer. “Rodríguez tuvo siempre la tendencia al motín, a la insurrección y los bandos”[3].

Su rebeldía felina frente a su medio social aristocrático, verdadera jaula de oro para un puma, se iba agudizando a medida que transcurren los acontecimientos del proceso independentista en la provincia más pobre y austral de España en América, Chile. Su indignación por la clase alta y las circunstancias de su vida en un momento tan crucial en la historia chilena, contribuyeron a que se fuera inclinando gradualmente en pro de la causa independentista. De tendencia moderada en los comienzos de la era de la Patria Vieja (1810-1814) pasó a tener una posición radical en aras de la emancipación nacional y americana.

¿Pero qué hizo que Manuel Rodríguez fuera tan querido por el populacho y luego tan recordado por las sucesivas generaciones? No cabe duda que tenía un carisma que otros grandes líderes no tuvieron y que batalló junto a campesinos y salteadores. Gozó de mucha popularidad. Manejaba  los códigos del roto y del gañan como pocos de su sector pudieron hacerlo, por más que los señores elegantes habituaran a frecuentar chinganas. Su importancia en la independencia nacional fue sobresaliente, pues el rol que englobó sus misiones fue el de comandar la resistencia criolla en el periodo de la Reconquista española (1814-1817), es decir, desestabilizar el régimen del bando realista por medio de guerrillas, vandalizar  y generar el caos, mientras que al otro lado de los Andes, en el actual lado argentino, San Martín y O´Higgins preparaban el mítico Ejército Libertador (1817) que cruzaría la cordillera de los Andes para liberar a Chile del yugo español. Pero además de realizar una guerra de desgaste y conseguir el apoyo de temibles bandidos de la época, a Manuel Rodríguez se le atribuye una serie de astutas y temerarias hazañas. La literatura acerca del abogado guerrillero menciona que se disfrazó de monje, de mendigo, de borracho, y hasta de cochero. Famosa es la historia que cuenta que el guerrillero le habría abierto la puerta del carro al mismísimo Casimiro Marcó del Pont, cruel y afeminado español que cumplía el cargo de gobernador de Chile en la época de la reconquista. Por cierto, no es de extrañar que la gallardía y la astucia sean aspectos siempre muy valorados en la idiosincrasia popular, incluso por sobre otras grandes virtudes que pudieron haber tenido en su momento los otros próceres.

                                   (Dibujo acerca de la leyenda de Manuel Rodríguez abriendo el coche al Gobernador Casimiro Marcó del Pont) 

FUENTE : https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Rodr%C3%ADguez_Erdo%C3%ADza#/media/Archivo:Manuel_Rodriguez_abre_carruaje_a_Casimiro_Marc%C3%B3_del_Pont.JPG

Tanto la literatura nacional como el folklor musical han valorado la figura del guerrillero Rodríguez y han exaltado sus numerosas hazañas que, para ser más exactos, es difícil precisar qué tan reales o legendarias fueron. Suele suceder que la oralidad popular, o que incluso algún historiador que tenga simpatía por algún personaje histórico, exagere las cualidades positivas y hasta agregue hazañas de dudosa veracidad. Es posible que los pelambres o comadreos fraternos hacia el guerrillero y, también la buena pluma de algún cronista tendiente al rodriguismo, pudieron perfectamente haber contribuido a construir al Manuel Rodríguez histórico. De todos modos, se debe aclarar de antemano que no existe en este artículo el ánimo de determinar qué tan auténtico es el guerrillero Rodríguez que conocemos por la crónica, pero sí de recalcar que los poetas y los artistas folklóricos se han basado en aquellas fuentes para elogiar al héroe popular, y aportar a su vez en la construcción de engrandecerlo históricamente. En versos o payas se habla de su amor por el pueblo y de su sacrificada lucha por liberarlo de las cadenas europeas. Tampoco se puede soslayar que en el canto popular se han omitido aspectos más polémicos de su vida en cuanto a su gestión de líder, como lo permisivo que resultó ser con sus subordinados frente a muchas acciones delictuales que cometieron, en un periodo en el que ya la guerra había cesado en muchos sectores del país. Muy conocida fue su estrecha amistad con sujetos maleantes, entre ellos el bandido Neira, tendientes a los robos y violaciones, pero que también cumplieron un papel destacado en la lucha patriótica.

Es cierto que Manuel Rodríguez no ha sido el único prócer de la independencia al que se le haya cantado o poetizado. Se han creado tonadas y poemas a O´Higgins, generalmente relacionados a su sureña y provinciana niñez en Chillán. No son escasos los versos que mencionan la vida triste y sencilla del niño Bernardo. De José Miguel y de sus hermanos, los Carrera, también se ha escrito y cantado. Por lo general la temática refiere a los loables sacrificios y tenacidad de aquella ilustre familia por conseguir la independencia nacional. Sin embargo, en cuanto a la independencia se refiere, el folklor musical ha tenido su predilección por cantarle al guerrillero Manuel Rodríguez. Pareciera que de la tinta de los poetas y de las voces de las cantoras el guerrillero vuelve a cobrar vida una y otra vez, de modo romántico, épico. Pero la poesía en honor a Rodríguez no solamente aborda la temática de sus proezas, sino también se menciona a menudo su trágica muerte en mayo de 1818, a manos de un subsector del bando patriota y bajo la conducción de Estado de otro denominado padre de la patria.

Veremos a continuación algunas obras poéticas y musicales que tratan sobre Manuel Rodríguez:

 Nombre de la obra: Manuel Rodríguez (Texto de Neruda)-Tonada a Manuel Rodríguez (Título de la obra musical)

Autor: Pablo Neruda

Año: 1946

Texto: Canto General. Capítulo 4.

Arreglo musical: Vicente Bianchi

Intérprete: Silvia Infantas y los Baqueanos (1955)

 


Fuente: https://discotecanacionalchile.blogspot.com/2016/08/silvia-infantas-y-los-baqueanos.html


Señora, dicen que donde,

mi madre dice, dijeron,

el agua y el viento dicen

que vieron al guerrillero.

 

Vida

Puede ser un obispo,

puede y no puede;

puede ser sólo el viento

sobre la nieve:

sobre la nieve, sí,

madre, no mires,

que viene galopando

Manuel Rodríguez.

 

Ya viene el guerrillero

por el estero.

 

Saliendo de Melipilla,

corriendo por Talagante,

cruzando por San Fernando,

amaneciendo en Pomaire.

 

Pasión

Pasando por Rancagua,

por San Rosendo,

por Cauquenes, por Chena,

por Nacimiento:

por Nacimiento, sí,

desde Chiñigüe,

por todas partes viene

Manuel Rodríguez.

 

Pásale este clavel,

vamos con él.

 

Muerte

Que se apaguen las guitarras,

que la Patria está de duelo.

Nuestra tierra se oscurece:

Mataron al guerrillero.

 

En Til-Til lo mataron

los asesinos,

su espalda está sangrando

sobre el camino:

sobre el camino, sí,

quién lo diría,

él, que era nuestra sangre,

nuestra alegría.

 

La tierra está llorando.

Vamos callando.


                         (SILVIA INFANTAS Y LOS BAQUEANOS ) 

FUENTE: https://soloartistaschilenos.cl/lanzan-biografia-de-silvia-infantas-la-mujer-mas-escuchada-del-folclor-chileno/

 Este reconocido poema de Pablo Neruda pertenece a su libro Canto General (1946) del capítulo número cuatro, denominado los libertadores. Fue musicalizado por Vicente Bianchi, e interpretado por Silvia Infantas y el grupo los Baqueanos, estrenado en 1955 y luego, después de algunos años, se incluyó en el disco titulado “Música para la historia de Chile” (1959)[4]. Si bien se trata de un poema escrito individualmente por el nobel de literatura (1971), a los pocos años fue desarrollada musical y vocalmente por un conjunto de artistas.  El poema es fundamentalmente una cueca, dividida en vida, pasión y muerte del prócer (Aunque musicalmente se ha presentado esta obra como una tonada)

 En la primera estrofa se mencionan los rumores acerca del paradero del guerrillero. Nunca se sabe dónde estuvo o en dónde está. Eso lo convierte en héroe, en inmortal. Los rumores falsos respecto a su paradero, muchas veces echados a correr adrede para despistar aún más a sus desorientados perseguidores, generaban mayor desazón en las autoridades realistas y en el regimiento de los crueles talaveras de la reina. En la segunda estrofa se cuenta de lo astuto que era el fugitivo para disfrazarse y ocultarse de sus enemigos. Como diría uno de los versos del poema, “puede y no puede” ser esto o aquello. Rodríguez no solamente se hace pasar por un campesino borracho o por un elegante extranjero, también se funde con el paisaje de montañas y valles, se pierde por entre matorrales, y es la sombra que galopa raudo bajo el follaje. La silueta del guerrillero se mimetiza con la noche, se pierde en la nieve y lo protege la niebla de los ojos de los españoles; se vuelve fantasma, se multiplica por doquier.

 En la cuarta y quinta estrofa del poema se nombran algunos pueblos y localidades de la zona central. Por un lado se mencionan algunos puntos estratégicos donde el guerrillero y sus colaboradores habrían atacado cuarteles realistas, mientras que por otro se mencionan localidades donde también pudo haberse ocultado de sus perseguidores. En el poema se nombra en primera instancia a Melipilla, ciudad en la que Rodríguez y sus ayudantes habrían organizado un asalto durante una veraniega madrugada de principios de enero de 1817, a un mes de que el Ejército Libertador, compuesto por criollos y trasandinos, cruzara la cordillera de los Andes y combatiera en suelo chileno. También se menciona a San Fernando, ciudad en la que habría colaborado en otro ataque. Se debe recalcar que Rodríguez recorría grandes distancias en su rol de guerrillero, con el propósito de obtener información, conseguir ayuda, organizar asaltos y desmoralizar al enemigo. 

De la estrofa séptima a la novena se aborda el destino fatal de Manuel Rodríguez. Y se nombra a Tiltil, localidad en la que el prócer fue ejecutado por soldados del bando patriota. Además se describe un aspecto importante del asesinato, pues aparte de las balas su cuerpo recibió heridas de espada y fusil. También se comenta el sufrimiento del pueblo por la muerte del guerrillero; fallece el portador de la luz popular, y por ello la patria se eclipsa por la ausencia del héroe, y los patriotas comienzan a vivir el duelo.

 

EL CAUTIVO DE TILTIL

Autor: Patricio Manns

 


              (PATRIO MANNS Y SILVIA URBINA, EL FOLKLOR NO HA MUERTO, MIERDA, 1968) 


Por unas pupilas claras

que entre muchos sables

viera relucir,

y esa risa que escondía

no sé qué secretos,

y era para mí.

Cuando altivo se marchó

entre gritos de alguacil

me dolió un presentimiento*

al verlo partir.

 

Dicen que es Manuel su nombre**

y que se lo llevan

camino a Til-Til,

que el gobernador no quiere

ver por La Cañada

su porte gentil.

Dicen que en la guerra fue

el mejor y en la ciudad

le llaman el Guerrillero

de la libertad.

 

Sólo sé que ausente está,***

que le llevan los soldados,

que amarrado a la montura

la tropa lo aleja de su General.****

Sólo sé que el viento va

jugueteando en sus cabellos

y que el sol brilla en sus ojos

cuando le conducen

camino a Til-Til.

 

Dicen que era como un rayo

cuando galopaba

sobre su corcel

y que al paso del jinete

todos le decían

por nombre: Manuel.*****[5]

 

Yo no sé si volveré

a verle libre y gentil,

sólo sé que sonreía

camino a Til-Til.

 


                                                  (ROJAS LUIS, LUIS (1904) ASESINATO DE MANUEL RODRÍGUEZ)

FUENTE: https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Rodr%C3%ADguez_Erdo%C3%ADza#/media/Archivo:Asesinato_de_Manuel_Rodr%C3%ADguez(2).jpg

El cautivo de Tiltil es una de las más célebres composiciones poéticas y musicales de Patricio Manns junto a la cantautora Silvia Urbina. La canción fue lanzada en un singles de 1967, y se ha editado en numerosos discos por aquel prolífico compositor, tanto en estudios como en vivo. De acuerdo a su discografía, se incluyó por primera vez en un álbum en el que hizo dúo con Silvia Urbina, “El folklor no ha muerto, mierda”, lanzado en 1968. Posteriormente la canción la fue incluyendo en varios álbumes en vivo. Como solista Y con los años aquella tonada no solamente fue teniendo distintos arreglos musicales, sino también algunas modificaciones en su letra. 

En el poema, como su título indica, el cantautor aborda la cautividad de Manuel Rodríguez en la localidad de Tiltil. A diferencia del de Neruda, composición poética en la cual también se hace mención a su fatal destino, Manns aborda en específico, y de modo detallado, el momento previo a su ejecución. En la composición se narra el traslado del guerrillero, en calidad de detenido, desde la cárcel de San Pablo en Santiago rumbo a Quillota. 

En la segunda y cuarta estrofa del poema se detallan aspectos que el pueblo comenta de Rodríguez: que era el mejor ciudadano, que tenía una gran habilidad como jinete y que gozaba de apoyo popular. Aquel sujeto es de renombre, se consagró ante sus conciudadanos (Hay que aclarar que los ciudadanos en aquella época corresponden a un grupo muy reducido de individuos), y los habitantes del campo y la ciudad se enteran que se “lo llevan los soldados”. Sin embargo, en “el cautivo de Tiltil” se agrega algo más. En las estrofas uno y tres el narrador no solo se basa en lo que se rumorea o se cuenta de Rodríguez, sino que pasa a ser un testigo clave del fatídico acontecimiento, un observador de un hecho histórico, cuando el prócer, bajo la custodia de los uniformados, fue conducido en dirección al paradero terminal de su vida.  

Otro aspecto importante de la composición, detallado en las estrofas uno y cinco, consiste en que el yo literario o narrador expresa una intuición de lo trágico, pues tiene la triste certeza que el guerrillero no regresará. En la estrofa uno, al narrador “le dolió o le nubló un presentimiento” (Dependiendo de las diferentes versiones que haya hecho su autor en su extensa producción musical) cuando Rodríguez fue sacado de Santiago. Quien habla tiene esa funesta corazonada que, a medida que transcurren los acontecimientos, su intuición le da la razón, y el fatal destino del insigne detenido se va desentrañando.

En la última estrofa, si bien el narrador no asegura que no lo volverá a ver libre, expresa sus dudas. No se equivoca cuando es trasladado por militares y lo ve sonreír, signo de la inocencia del caudillo ante las crueles garras de la muerte. Tiltil es el lugar donde fallece el guerrillero de los humildes y a la vez el nido donde nace el mártir popular. El 26 de mayo de 1818 finaliza la vida de Manuel Rodríguez para que surgiera el Manuel Rodríguez histórico, el personaje legendario, y una fuente de inspiración para el arte popular y el folklor musical a lo largo del tiempo.

 La muerte del guerrillero Rodríguez sigue siendo un punto de debate historiográfico, como lo fue el punto preciso de su ejecución, entre otros aspectos. Según una de las versiones, “El lugar exacto de la muerte parece que fué el de la Cancha del Gato o de las Ancuviñas, cerca de un maitén a una legua de las casas de Polpaico [6]

 

VERSOS POR MANUEL RODRÍGUEZ

Intérprete: Héctor Pavez

Autor: José Riel

Producción: Folklor de Chile. Volumen 2. (1970)

 

Al popular guerrillero,

asesinado en Til-til,

mi homenaje y mi sentir

emocionado y sincero.

 

Manuel Rodríguez, patriota,

popular por excelencia,

porque tuvo consecuencia

Ay sí, ay que sí.

Hacia el pueblo con ojotas.

Rosa, Romero y el alelí.

 

Él no aceptó que la bota

del invasor extranjero

explotara nuestro suelo,

saqueara nuestras riquezas.

Hoy le canto mis tristezas,

sí, hay que sí,

al popular guerrillero.

Rosa, romero y el alelí.

 

Del pueblo fue conductor

en su lucha nacional.

Él fue el héroe popular

Ay sí, hay que sí.

De la libertad el motor.

Rosa, romero y el alelí.

 

Por eso que con amor,

mi corazón al latir,

lamenta su triste fin,

y condena al criminal.

Caíste por un chacal,

Ay, sí, hay que sí,

asesinado en Tiltil.

Rosa, romero y el alelí.

 

Lo copihues se enlutaron,

la cordillera tronó,

la nieve derritió,

Ay sí, ay que sí,

Los canarios se han callado.

Rosa, romero y el alelí.

 

Cuando a ti te asesinaron,

el pueblo dio su gemir.

No te pudo despedir:

los malvados te ocultaron.

Hoy día te recordamos.

Sí, hay que sí,

mi homenaje y mi sentir

Rosa, romero y el alelí.

 

En Tiltil en el camino,

terminaron tu existencia.

No te tuvieron clemencia,

Sí, ay que sí,

los cobardes asesinos. 

Rosa, Romero y el alelí.

 

A la sombra de un espino

te dejaron hecho ernero,

y te encontró un ovejero

que en tu suelo te enterró.

Homenaje te rindió

Ay, sí, hay que sí.

Para el héroe popular.

Rosa, Romero y el alelí.

 

Por fin he de terminar

Mi homenaje cariñoso.

Para el patriota valioso,

Ay, sí, hay que sí.

Para el héroe popular,

Rosa, romero y el alelí.

 

Para el soldado ejemplar,

que entregó su vida entera

por una causa sincera

con un valor sin igual.

Gloria al héroe nacional,

ay, sí, hay que sí,

que defendió nuestra tierra.

Rosa, Romero y el alelí.

 

“Los versos a Manuel Rodríguez” es una obra poética y musical de José Riel e interpretada con el original y emotivo estilo de Héctor Pavez en 1970, en su producción musical titulada “El folclor de Chile. Volumen XX. [7] 

Al igual que las obras anteriores, esta composición aborda el asesinato y también el amor y devoción que el pueblo le profesa a Manuel Rodríguez. Si bien este poema no parece diferenciarse respecto a otros que tratan acerca del personaje en cuestión, no deja de ser interesante la riqueza poética de las imágenes que nos ofrece la letra. 

En la segunda estrofa se afirma la importancia que tiene Manuel Rodríguez en el mundo de los humildes. El abogado y luego guerrillero es “popular por excelencia”. Y la cultura campesina manifiesta de modo evidente el favoritismo hacia la figura de aquel que luchó por la independencia junto a los más desfavorecidos. Además no solamente combate junto a los pobres, también se proyecta “hacia el pueblo con ojotas”, se convierte en un roto más. Y se produce esa pugna entre las ojotas libertadoras de los patriotas y las opresoras botas de los soldados del rey. 

En la tercera estrofa se puede dilucidar el contexto histórico de mitad del siglo XX en el que se desenvuelve José Riel, autor de aquellos versos, y oriundo de Tiltil, la misma localidad en la que muriera el guerrillero Rodríguez. Cuando mencionamos a Riel, nos referimos a un poeta ferroviario, sindicalista y obreril, de contenido social y popular, y de tendencia de izquierda, lo que llevó a que el autor tuviera una clara postura antinorteamericana y antioligárquica. Y es sabido que, en el caso chileno, los capitalistas norteamericanos tenían cierto dominio de los recursos mineros en el siglo XX, entre otras actividades económicas. El compositor menciona en su letra la lucha de Rodríguez por la soberanía nacional, el cual intenta evitar que el extranjero invasor se apropie y explote las riquezas del suelo patrio. Si bien es cierto que la independencia nacional implica asegurar la soberanía, pero la discusión por nacionalizar o recuperar los recursos naturales en Chile para Chile fue más propio del siglo XX que de 1818, en el contexto del neocolonialismo norteamericano en Latinoamérica. Cabe afirmar que, el autor, de modo consciente o no, en “Versos a Manuel Rodríguez” (Obra vinculada a una época histórica) termina por plasmar su propia posición política y su propia realidad histórica. 

Hablamos de inicios de la segunda mitad del siglo XX, y América Latina vive en carne propia la Guerra Fría (1947-1991), la denominada tensión geopolítica entre dos superpotencias que pretenden imponer su ideología por sobre la de su rival. La región latinoamericana es una zona dominada en lo político y económico por EE.UU (Excepto Cuba, vinculada a la URSS). Sin embargo, surgen durante el siglo XX movimientos subversivos antiimperialistas y corrientes contrarias a toda injerencia norteamericana. En el caso chileno, durante los años 50 a 70, se consolida todo un movimiento contrario al manejo de las empresas norteamericanas en la extracción cuprífera y en favor del manejo estatal. Se aboga por la nacionalización del cobre y porque Chile sea autónomo de las decisiones de la Casa Blanca. En otras palabras, si bien el autor alaba a un héroe de la independencia, el poeta también ve en Rodríguez un luchador social. Por lo tanto existiría una continuidad histórica de la lucha popular contra los opresores, una constante histórica, una subversión extensiva en el tiempo en pro de las reivindicaciones populares, sea contra la injerencia de la España colonial del siglo XIX, sea contra el imperialismo norteamericano durante el siglo XX y su política exterior. En síntesis, la letra valora a quien defiende las riquezas naturales de la nación de todo tipo de invasores. En el texto titulado “Manuel Rodríguez, un revolucionario, pícaro y turbulento” de Maximiliano Salas, se menciona que los versos de José Riel fueron presentados “en el primero Congreso Nacional de Poetas y Cantores realizado en 1954.[8] 

En las estrofas séptima y octavas se menciona uno de los aspectos más polémicos  de la ejecución política de Manuel Rodríguez, hecho por sí mismo polémico. Sus asesinos no solamente lo matan de despiadada manera, sino que realizan una serie de irregularidades, como lo fue el ocultamiento de su cadáver, entre otros aspectos. Tampoco existe una versión única en cuanto al sitio en el que el guerrillero fue inhumado. Existen diversas versiones, y la historiografía vuelve a entremezclarse con la oralidad popular. Según el texto de Ricardo Latcham, titulado “La vida de Manuel Rodríguez”, “su amigo don Bernardo Luco se encaminó a Tiltil, y noticiado del sitio donde se hallaba sepultado, lo hizo desenterrar”[9] (Pág.271). En el poema de José Riel, se menciona que un ovejero le habría dado digna sepultura. Por último, es necesario recordar que, recién en 1895, los restos de Manuel Rodríguez habrían sido nuevamente exhumados de Tiltil, para ser trasladados al Cementerio General en Santiago. Sin embargo, quedan muchas dudas respecto a si aquellos restos corresponden a los del guerrillero patrio. Aún hay muchos cuestionamientos respecto al verdadero paradero el cadáver.

 

LOS HÚSARES DE LA MUERTE [10]

Autor: Chito Faró (Enrique Motto Arenas) y Porfirio Díaz)

Al son de cajas y clarines,

jinetes sin frenos,

peleando en todos los confines

del suelo chileno.

 

Cortadas las cadenas ruines

con ímpetu fuerte,  

los húsares de la muerte

supieron luchar.

 

La patria no se dejó

por el extraño avasallar.

Manuel Rodríguez la adoró

como a la novia ante el altar.

 

Bernardo O´Higgins la fundó,

cual legendario paladín

y fue su santo defensor

San Martín.

 

Gloria, tu sin par memoria,

altanero quiero montonero

Guerrero para ti la historia

su voz del Don te alzó

 

Sirva tu valiente ejemplo

de templo para los soldados,

de Chile sienten resguardados

su honor.

 

Y en fecha tu nefasta suerte

Glorioso Rodríguez,

los húsares de la muerte

supieron luchar.

                                   
                                        (LOGO DE LOS HÚSARES DE LA MUERTE)  

Esta composición poético musical (Probablemente creada en mitad del siglo XX) fue escrita e interpretada por Enrique Motto Arenas, más conocido en el mundo artístico como Chito Faro, el gran y olvidado cantautor que comenzó su carrera en los años treinta, y creador del “Si vas para Chile”, una célebre tonada. En lo instrumental tuvo el acompañamiento de Porfirio Díaz, reconocido músico y director de orquesta. Con un estilo entre la ranchera y la milonga, dicha composición aborda la figura de Manuel Rodríguez, pero más directamente sobre los “húsares de la muerte”, una romántica y singular milicia de ciudadanos que creó el guerrillero, a meses que los realistas perdieran definitivamente el dominio territorial de la zona central del país.   

Eran los primeros días de otoño de 1817. Los españoles volvían por el sur a intentar dominar la rebelde provincia de Chile. Y en las proximidades de Talca, el bando patriota, comandado por O´Higgins y el argentino José de San Martín, sufre una dolorosa y desfavorable derrota a manos del bando realista. Miles de soldados patriotas huyen despavoridos desde la actual región del Maule hacia Santiago. Las noticias que llegaban a la capital no eran alentadoras. Se hablaba incluso de la muerte de Bernardo O’Higgins. Y por ello muchos chilenos intentaron huir. Preparaban las mulas y los caballos para cruzar la cordillera, nuevamente, con destino a Mendoza. Y es en ese momento, de angustia y desesperación de los habitantes, que aparecería, con voz firme y con gran liderazgo, el caudillo Manuel Rodríguez, para decirles a sus conciudadanos que no era tiempo de huir, como ya había ocurrido tras la batalla de Rancagua en octubre de 1814. Rodríguez llama a enfrentar al enemigo, y según lo que se cuenta, habría dicho. -! Aún tenemos patria, ciudadanos!

 

         (LOS ANTIGUOS JINETES DEL CUADRO NEGRO-LOS HÚSARES DE LA MUERTE) 

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/H%C3%BAsares_de_la_Muerte#/media/Archivo:Cuadro_Negro_-_H%C3%BAsares_de_la_Muerte.JPG

En ese contexto y por esos días, de modo improvisado y no de forma muy disciplinada, Rodríguez crea los “húsares de la muerte”, un cuerpo militar de caballería no profesional. ¿El número? Posiblemente no más allá de unos centenares de hombres. El jefe de aquella milicia, Manuel Rodríguez, habría vestido su legendaria casaca del húsar de la muerte. Se trataba de una chaqueta negra que tenía en el brazo el logo de una calavera blanca y debajo de ella dos tibias cruzadas. Rodríguez la usó a menudo, mas no hay evidencias que acrediten que el resto del escuadrón usaba la misma vestimenta, pues los soldados se armaron y se vistieron como pudieron para enfrentar a los realistas. ¿Pero cómo fue que surgió aquel quijotesco escuadrón? En esos momentos de angustia ante un nuevo sometimiento español, Rodríguez convoca a ciudadanos y conocidos suyos, y entrando a la maestranza, sin permiso alguno de los generales, reparte armas para defenderse de los realistas, terminando por formar una milicia (Algunos consideran que los “Húsares de la muerte fue una organización paramilitar, y otros estiman que fue un grupo más bien complementario al ejército) de corta vigencia, y de participación acotada en las batallas. Sin embargo, sus acciones y su simbología tendrían un poderoso efecto legendario en la memoria de la oralidad popular y en la historia nacional.

Volviendo a la obra de Chito Faró y de Porfirio Díaz, en la primera estrofa el autor menciona que se lucha en todos los “confines del suelo chileno”. Con el objetivo de hacer una aclaración, se debe considerar que tal afirmación es un ejemplo más de la frecuente exageración que los cantores suelen hacer para enfatizar la magnitud de algún hecho.  En primer lugar se debe tener en cuenta que a principios del siglo XIX el territorio nacional era más acotado de lo que es hoy. Su extensión comprendía desde el desierto de Atacama por el norte al río Biobío por el sur (La zona de la Araucanía pertenecía a las comunidades indígenas, Valdivia y el archipiélago de Chiloé siguieron estando bajo el dominio realista durante algunas décadas). Por lo tanto las disputas no se habrían realizado a lo largo de todo el territorio chileno como lo conocemos hoy. En segundo lugar las clases sociales más desfavorecidas no tuvieron una participación masiva en la Guerra de la Independencia (1810-1818) por considerarla un conflicto exclusivamente de señoritos. Esta postura habría cambiado al menos en la zona central, cuando al final de la guerra los sectores populares se inclinaron por la causa patriótica. Debemos considerar que la Guerra de la Independencia se desarrolló fundamentalmente en la zona centro, y en la zona norte no hubo mayores conflictos. De hecho, en el texto “De la indiferencia a la resistencia. Los sectores populares y la Guerra de Independencia en el norte de Chile” de Igor Goicovic, se afirma que “a lo menos en las regiones de Atacama y Coquimbo, el reconocimiento y apoyo irrestricto a los patriotas no se puede observar con claridad.” (Goicovic; Pág.131).

 

                                                                               (CHITO FARÓ) 

Fuente: https://ms-my.facebook.com/documentosyjoyasdelfolclorechileno/posts/498599354284030

De todos modos no podemos negar que la Guerra de la Independencia fue un proceso de largos años, y que implicó una serie de cruentas batallas, aunque con largas pausas, pues en invierno los temporales y las crecidas de ríos obligaban a una recisión estacionaria de la guerra, además de otro tipo de pausas producto de algunas treguas, como lo fue el Tratado de Lircay de 1813. Pero concordando con el autor, es cierto que el conflicto fue intenso y que en muchas localidades de la zona central, si no hubo una batalla, se produjo algún motín patriota, alguna correría, alguna persecución o encontrón entre ambos bandos. 

¿Pero qué fue lo que motivo que los sectores populares, indiferentes a un conflicto de señoritos, se abanderaran por la causa de la independencia? La Reconquista de la corona española fue muy cruel en América. En el caso chileno los sectores populares también sufrieron las torturas y humillaciones de los godos durante esos tres años, los que van de 1814 a 1817. Pues bien, era principios de 1818, y de boca en boca se comenta que transportes marítimos del bando realista, provenientes del Perú, han atracado en el sureño puerto de Talcahuano con destino a Santiago, y su propósito es realizar una segunda contraofensiva colonial para barrer de sur a norte con la insurgencia patriota. El fantasma del desastre de Rancagua provoca pánico en la muchedumbre, y la elite criolla intenta motivar a las clases bajas para adherirse a la lucha independentista, aunque nunca lograría una adhesión completa. El triunfo patriota en la batalla de Maipú del 5 de abril de 1818 motivó a que un mayor número de habitantes se sumara. La figura de Manuel Rodríguez y sus húsares contribuyó también en ello. 

En la segunda estrofa se mencionan dos aspectos. El primero es que el pueblo ha recobrado la libertad, ha finalizado el yugo español. La segunda es que los húsares de la muerte supieron cumplir en su rol de custodios de la soberanía nacional y libertadores de los sectores más desfavorecidos, a pesar de la negativa de O´Higgins por aceptarlos como parte del ejército y como parte del éxito patriota. 

En la tercera y cuarta estrofa se hace mención a tres figuras gravitantes en la independencia. Uno de ellos es el guerrillero Rodríguez, el padre del escuadrón de los húsares. No obstante, el autor menciona a los otros próceres, detallando sus méritos y sacrificios. Chito Faró menciona, en primer lugar, la incondicionalidad de Rodríguez por la liberación de la patria como si ella fuera “una novia ante el altar” y, en segundo lugar, valora a O´Higgins como el fundador del naciente país. Pero también señala la importancia del General trasandino José de San Martín, quien organizó y  lideró el Ejército Libertador que logró el objetivo de cruzar los Andes y desarticular el poder español en el Chile central. Se debe tener en cuenta que, al menos entre Rodríguez y San Martín, hubo un trabajo colaborativo. Manuel Rodríguez le cumplió al general trasandino en las labores de espionaje y realizó la guerra de guerrillas con el fin de desestabilizar a los realistas, y San Martín le ayudó a financiar la revolución y también lo con hombres y armas. “Las armas entran por la cordillera y los dineros y pistolas están circulando ya.” [11] y “Otras veces solicita con furor que se le remitan objetos para sus amigas y chucherías destinadas a ganarlas” [12] 

En la quinta estrofa se menciona la importancia de Rodríguez en la historia nacional. Las circunstancias y su espíritu irreductible lo elevan a la cúspide de lo legendario y de lo épico. 

En la sexta estrofa se menciona el legado que habría dejado al ejército de Chile el guerrillero Manuel Rodríguez y su cuerpo miliciano. 

En la última estrofa el autor menciona de modo indirecto el trágico final del prócer popular. A diferencia de las tres obras anteriores, no se hace referencia respecto al asesinato político. No obstante, expresa que a pesar de su trágico final la milicia de Rodríguez contribuyó en la lucha de la independencia, pese a la breve existencia de este grupo y lo improvisado que resultó. Cabe agregar que, el regimiento de “Los húsares de la muerte”, como cuerpo militar, desaparece un mes antes del asesinato de Manuel Rodríguez. 

La canción “Los húsares de la muerte” no habría sido la única composición poética y musical que Chito Faró le dedicara a Manuel Rodríguez. En su disco “Canciones para mi patria, volumen II”, la canción titulada “Manuel Rodríguez” es la primera del lado A de su disco. Dicha canción refiere al rol libertador del guerrillero, y también, según la letra, habría sido pregonero de la libertad. En la última estrofa de dicha composición, se versa lo siguiente:

 

“Flamean los tres colores,

de los Andes hacia el mar.

Manuel Rodríguez galopa

anunciando la libertad”

 

CONSIDERACIONES FINALES

 

Antes de terminar con este artículo, es necesario realizar algunas consideraciones finales. En primer lugar, dadas las obras literarias y musicales presentadas, es posible afirmar que Manuel Rodríguez es el personaje del proceso de la independencia del que más se haya cantado y escrito. Como afirmó el poeta obrero, José Riel, Manuel Rodríguez “es popular por excelencia”. Más allá de importantísimos personajes que participaron en el proceso de la emancipación nacional, ningún otro logró el favoritismo de las guitarras de las cantoras ni la pluma de los poetas. El abogado aristocrático gustó al pueblo en vida, y siguió gustando; el arte y folklor musical le fueron dando vida a su leyenda, representando el espíritu de lo popular y de la rebeldía. Llama la atención, eso sí, que si bien en la mayoría de las obras se comenta el asesinato y ocultamiento del prócer patrio, nunca se menciona a los responsables materiales e intelectuales de su asesinato. No se menciona a oscuros personajes como el argentino Angulado, Navarro y Álvarez. Más complejo resultaría mencionar a O´Higgins, pues se le considera un personaje trascendente y fundacional para Chile. No obstante, también se le responsabiliza por la muerte de Rodríguez, cuando en ese entonces ocupaba el cargo de Director Supremo (1818-1823). En cartas escritas por él hay indicios de su anhelo por alejar a Manuel Rodríguez del poder político, invitándolo a salir voluntariamente del país. Incluso hay indicios en sus escritos de hacer desaparecer todo aquello que fuese perjudicial al orden que, según él, la patria requería. 

Por último, ya para concluir, así como los retratos de Manuel Rodríguez fueron realizados luego de muchos años de su muerte, los relatos acerca de sus gestas, en su gran mayoría orales, también fueron escritas algunas décadas después de su deceso. No resulta sencillo diferenciar lo legendario y lo real del guerrillero. Sí es posible aventurar que toda leyenda puede tener algún asidero real, y las cartas escritas por Manuel Rodríguez demuestran que aquel libertario era un tipo sagaz, de ironía fresca, con ideas poéticas acerca de la patria de la cual él soñaba liberar. No hablamos de un ser humano en la que no existieran sombras o turbiedades, pero sí es posible afirmar que Manuel Rodríguez es uno de los personajes más excéntricos, queridos e increíbles de la historia de Chile. No por nada, como afirmó Ricardo Latcham, el guerrillero Rodríguez habría sido el primer demócrata del país (Latcham; pág.190), y otros después agregarían que fue el primer detenido desaparecido en los albores de nuestra historia como país soberano. Lo cierto es que la cultura folklórica ha contribuido en la visión de una construcción histórica de una figura emblemática del patriotismo más popular.

 

Jorge García. Pedagogía en Historia, Geografía y Ciencias Sociales y Licenciado en Educación.  

 

REFERENCIAS

BIBLIOGRAFÍA

Goicovic, Igor (2014). De la indiferencia a la resistencia. Los sectores populares y la Guerra de Independencia en el norte de Chile (1817-1823)* Universidad Santiago de Chile. Revista de indias, vol. LXXXIV. n260. Págs.129-160

Latcham, Ricardo (1932) Vida de Manuel Rodríguez. Editorial Nascimiento. Chile, Santiago. [Recuperado de: http://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/visor/BND:7967]

Neruda, Pablo (1946). Canto General. Capítulo los Libertadores. Manuel Rodríguez. De bolsillo. Ed 1. Buenos Aires, Argentina, p.126-127.

Salinas, Maximiliano (2007). El espíritu carnavalesco y la defensa de la tierra: Las poesías populares C.M.H.L.B Caravelle. N°88. Toulouse, p.31-47

LINKOGRAFÍA:

Carrillo, Alejandro [Alejandro Carrillo]. (2013, Enero 10) La música en la revolución mexicana [Archivo de video] Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=qCKBwG8yeeU&list=PLoVsHv_9s225pNnywA9saVo0F-G2Hm-

Ponencia: Alejandro Carrillo Castro (Sin fecha) (Sin información)

 

El Cautivo de Tiltil. www.cancioneros.com Recuperado de www.cancioneros.com. Recuperado de https://www.cancioneros.com/nd/1210/30/la-treguael-cautivo-de-til-til-patricio-manns-silvia-urbina

 

Héctor Pavez. www.discogs. Recuperado de https://www.discogs.com/es/artist/1229733-Hector-Pavez

 

La milonguita Pereira (2010, Abril 28). Los húsares de la muerte. [Archivo de videoclips] Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=yrxWjYD04pY

 

Silvia infantas y los Baqueanos. Discogs.com. Recuperado de https://www.discogs.com/es/Silvia-Infantas-Y-Los-Baqueanos-Con-Vicente-Bianchi-Y-Su-Orquesta-Musica-Para-La-Historia-De-Chile/release/10454450

 

Silvia Infantas y los Baqueanos. www.musicapopular.cl Recuperado de https://www.musicapopular.cl/grupo/silvia-infantas-y-los-baqueanos/

 

Versos por Manuel Rodríguez www.musixmatch.com.es. Recuperado de  https://www.musixmatch.com/es/letras/Héctor-Pavez/Versos-por-Manuel-Rodríguez

 

 

MUSICOGRAFÍA

Faró, Chito (Sf). Manuel Rodríguez. Canciones para mi patria. Vol.2. [Long Play]

Infantas, Silvia y los Baqueanos; Bianchi, Vicente (1959) Tonada de Manuel Rodríguez. Música para la historia de Chile. [Long play]. Santiago, Chile. Odeón

Manns, Patricio (1967). El Cautivo de Tiltil.  [Single]. Chile. CBS ‎– 50.004

 

CITAS 

[1] La música en la revolución mexicana. 10 de Enero de 2013. https://www.youtube.com/watch?v=qCKBwG8yeeU&list=PLoVsHv_9s225pNnywA9saVo0F-G2Hm-O3. 9 de octubre de 2020

[2] Ricardo Latcham, pág.31

[3] Ricardo Latcham, pág.14

[4] Silvia Infanta y los Baqueanos (Sin fecha). Recuperado el 8 de octubre de 2020, de https://www.musicapopular.cl/grupo/silvia-infantas-y-los-baqueanos/

[5] El cautivo de Til-Til  (Sin fecha) Recuperado el 8 de octubre, de https://www.cancioneros.com/nc/6288/0/el-cautivo-de-til-til-patricio-manns

[6] Ricardo Latcham. Págs. 271-272

[7] Hector Pavez ‎– Canto Popular. El Folklore de Chile Vol. XX (Sin fecha). Recuperado e l9 de octubre de 2020 https://www.discogs.com/es/Hector-Pavez-Canto-Popular-El-Folklore-de-Chile-Vol-XX/release/5627169

[8] Maximiliano Salas. Pág. 44

[9] Ricardo Latcham. Pág.271

[10] Los húsares de la muerte. La milonguita Pereira. Subido el 28 de abril de 2020. Recuperado el 2 de octubre de 2020. https://www.youtube.com/watch?v=yrxWjYD04pY

[11] Ricardo Latcham. Págs.154-155

[12] Ricardo Latcham. Pág. 154





Comentarios

Entradas más populares de este blog

LOS ANIMALES DOMÉSTICOS DEL CHILE PREHISPÁNICO