MANUEL RODRÍGUEZ
"SU ÉPICA Y TRAGEDIA EN EL FOLKLOR MUSICAL"
La épica es aquella narrativa que permite reafirmar la
autoestima y establecer una imagen heroica que un colectivo puede generarse de
sí mismo frente a otros, consolidar una memoria cultural acerca de un pasado
glorioso, y así tener una certeza de éxito y esperanza respecto de su propio
destino. Esa épica la componen hazañas bélicas y personajes emblemáticos que
surgen de alguna circunstancia en particular. Empero, las hazañas no son hechos
en estado puro ni los prohombres tampoco son figuras libres de interpretación,
pues estos últimos también son construcciones historiográficas que a lo largo
del tiempo van sufriendo modificaciones de pulido u erosión, dependiendo de las
visiones que las sociedades del futuro vayan teniendo del pasado. Y el curso
impredecible del tiempo puede iluminar o bien ennegrecer a un personaje
pretérito, o incluso borrarlo.
Respecto a la visión histórica que se tiene de los
próceres chilenos, la historiografía, como disciplina humanista e integrada a
las Ciencias Sociales, no ha estado exenta de debates y discrepancias. Las miradas
históricas que se tengan de las cualidades positivas o negativas de un actor
relevante de una época, por lo general, no es unánime. Cada héroe nacional ha
sido enjuiciado por medio de diferentes criterios y puntos de vista por parte
de un historiador (a) o de una corriente historiográfica determinada. Es más, hay
que señalar que cada uno de los próceres en el país ha sido valorado por una
institución o por una localidad en específico (Ya sea por natalicio o por
muerte).
Respecto al rol que juega el arte en este tema, así
como el folklor puede basarse en el conocimiento historiográfico, el folclor
musical también puede influir en la edificación de una visión histórica acerca
de un prócer, ya sea para valorarlo o depreciarlo en algún momento. Un
compositor también puede ensalzar o incluso exagerar la magnitud de una guerra,
sobredimensionar los atributos de algún guerrero o gobernante que le agrade. Existen
algunos ejemplos a nivel mundial y de distintas épocas. Un caso paradigmático
es el de los rapsodas de la antigua Grecia. Aquellos helénicos cantores fueron
construyendo oralmente relatos mitológicos en base a posibles hechos reales,
pero que la fantasía bañó de dioses griegos, de colosales ciudades de oro y héroes
con poderes supra humanos. Más contemporáneo es el caso de los corridos y
rancheras que tratan acerca de la revolución mexicana iniciada en 1911. Si bien
muchas de las canciones abordan temas históricos con datos fidedignos, en
algunas de ellas se exageran hechos para generar asombro. Un ejemplo de ello lo
encontramos en un corrido titulado “Febrero 23”, composición que trata sobre la
incursión militar de Estados Unidos en México para capturar al general
Francisco Villa, quien burló al ejército norteamericano en más de una ocasión.
Sin embargo, en la letra del corrido hay una desproporción del número de
aviones y de soldados estadounidenses que señala la letra.[1] Posiblemente
la intención de sus compositores haya sido hiperbolizar la astucia que tenía el
revolucionario para ocultarse de sus enemigos.
En el caso chileno, si ha habido un prócer al que los
artistas folklóricos y el pueblo no han podido desterrar de su memoria, ese ha
sido Manuel Rodríguez (1785-1818). Más allá de la importancia histórica de su
papel en el proceso de la independencia (1810-1817), en especial durante el
periodo de la Reconquista española (1814-1817), aquel penetró el centro del
corazón popular, ya sea por sus méritos reales o por la leyenda que lo fue
engrandeciendo. Si Arturo Prat ha sido tomado prácticamente como un logo de la
Armada, si la figura y obra de Bernardo O´Higgins han sido rescatadas
fundamentalmente por el ejército, Manuel Rodríguez ha sido constantemente exaltado
por el arte popular y la cultura folklórica, representando al guerrillero
Rodríguez como el sello de la rebeldía, el alma de las luchas patrióticas
populares. Si en la Guerra del Pacífico (1879-1883) se vincula eternamente a
Prat con la mar y su fatídico destino en el Combate Naval de Iquique, a Rodríguez
en la independencia se le asocia con su rol de guerrillero junto al escuadrón
de caballería “los húsares de la muerte”, pero también se le conoció por su estrecha
amistad con el bajo pueblo, con la vida festiva y desmesurada de las chinganas.
Esas facetas de libertario y libertino fueron una constante en su vida pública,
y la extensa literatura que se ha hecho de Rodríguez ha recalcado aquello.
De origen aristocrático, aunque con una tendencia a
los apuros económicos, Manuel Rodríguez formó parte de un sector privilegiado
de la sociedad. Recibió educación escolar (en un extinto establecimiento
colonial que se ubicaba en el actual Teatro Municipal de Santiago) y posteriormente
estudio leyes. Sin embargo, ¿por qué siempre se le consideró un inadaptado a su
estrato social? Uno de los factores es que la familia Rodríguez, pese a tener
un alto estatus en la sociedad, tuvo permanentes problemas financieros. El
mismo Manuel, a pesar de recibirse de abogado, no habría podido doctorarse
debido a que “La pobreza resultaba
implacable y Rodríguez no pudo pagar los derechos y propinas correspondientes”
[2]
. Pero esa no
sería la única variable, pues no son pocos los autores que mencionan su
personalidad irreverente y su espíritu irreductible para ser un señorito modelo,
cual salmón que nada a contracorriente. Rodríguez, en mucha de sus cartas y
escritos manifestó haber pertenecido a una clase social enajenada producto de
sus costumbres coloniales, y borrega de un sistema monárquico. De acuerdo a la
biografía que escribió Ricardo Latcham acerca del prócer. “Rodríguez tuvo siempre la tendencia al motín, a la insurrección y los
bandos”[3].
Su rebeldía felina frente a su medio social
aristocrático, verdadera jaula de oro para un puma, se iba agudizando a medida
que transcurren los acontecimientos del proceso independentista en la provincia
más pobre y austral de España en América, Chile. Su indignación por la clase
alta y las circunstancias de su vida en un momento tan crucial en la historia
chilena, contribuyeron a que se fuera inclinando gradualmente en pro de la
causa independentista. De tendencia moderada en los comienzos de la era de la
Patria Vieja (1810-1814) pasó a tener una posición radical en aras de la emancipación
nacional y americana.
¿Pero qué hizo que Manuel Rodríguez fuera tan querido
por el populacho y luego tan recordado por las sucesivas generaciones? No cabe
duda que tenía un carisma que otros grandes líderes no tuvieron y que batalló
junto a campesinos y salteadores. Gozó de mucha popularidad. Manejaba los códigos del roto y del gañan como pocos de
su sector pudieron hacerlo, por más que los señores elegantes habituaran a frecuentar
chinganas. Su importancia en la independencia nacional fue sobresaliente, pues el
rol que englobó sus misiones fue el de comandar la resistencia criolla en el
periodo de la Reconquista española (1814-1817), es decir, desestabilizar el
régimen del bando realista por medio de guerrillas, vandalizar y generar el caos, mientras que al otro lado
de los Andes, en el actual lado argentino, San Martín y O´Higgins preparaban el
mítico Ejército Libertador (1817) que cruzaría la cordillera de los Andes para
liberar a Chile del yugo español. Pero además de realizar una guerra de
desgaste y conseguir el apoyo de temibles bandidos de la época, a Manuel
Rodríguez se le atribuye una serie de astutas y temerarias hazañas. La
literatura acerca del abogado guerrillero menciona que se disfrazó de monje, de
mendigo, de borracho, y hasta de cochero. Famosa es la historia que cuenta que el
guerrillero le habría abierto la puerta del carro al mismísimo Casimiro Marcó
del Pont, cruel y afeminado español que cumplía el cargo de gobernador de Chile
en la época de la reconquista. Por cierto, no es de extrañar que la gallardía y
la astucia sean aspectos siempre muy valorados en la idiosincrasia popular, incluso
por sobre otras grandes virtudes que pudieron haber tenido en su momento los
otros próceres.
(Dibujo acerca de la leyenda de Manuel Rodríguez abriendo el coche al Gobernador Casimiro Marcó del Pont)
FUENTE : https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Rodr%C3%ADguez_Erdo%C3%ADza#/media/Archivo:Manuel_Rodriguez_abre_carruaje_a_Casimiro_Marc%C3%B3_del_Pont.JPG
Tanto la literatura nacional como el folklor musical han
valorado la figura del guerrillero Rodríguez y han exaltado sus numerosas hazañas
que, para ser más exactos, es difícil precisar qué tan reales o legendarias
fueron. Suele suceder que la oralidad popular, o que incluso algún historiador
que tenga simpatía por algún personaje histórico, exagere las cualidades
positivas y hasta agregue hazañas de dudosa veracidad. Es posible que los
pelambres o comadreos fraternos hacia el guerrillero y, también la buena pluma
de algún cronista tendiente al rodriguismo, pudieron perfectamente haber contribuido
a construir al Manuel Rodríguez histórico. De todos modos, se debe aclarar de
antemano que no existe en este artículo el ánimo de determinar qué tan auténtico
es el guerrillero Rodríguez que conocemos por la crónica, pero sí de recalcar
que los poetas y los artistas folklóricos se han basado en aquellas fuentes
para elogiar al héroe popular, y aportar a su vez en la construcción de
engrandecerlo históricamente. En versos o payas se habla de su amor por el
pueblo y de su sacrificada lucha por liberarlo de las cadenas europeas. Tampoco
se puede soslayar que en el canto popular se han omitido aspectos más polémicos
de su vida en cuanto a su gestión de líder, como lo permisivo que resultó ser
con sus subordinados frente a muchas acciones delictuales que cometieron, en un
periodo en el que ya la guerra había cesado en muchos sectores del país. Muy conocida
fue su estrecha amistad con sujetos maleantes, entre ellos el bandido Neira, tendientes
a los robos y violaciones, pero que también cumplieron un papel destacado en la
lucha patriótica.
Es cierto que Manuel Rodríguez no ha sido el único
prócer de la independencia al que se le haya cantado o poetizado. Se han creado
tonadas y poemas a O´Higgins, generalmente relacionados a su sureña y provinciana
niñez en Chillán. No son escasos los versos que mencionan la vida triste y
sencilla del niño Bernardo. De José Miguel y de sus hermanos, los Carrera, también
se ha escrito y cantado. Por lo general la temática refiere a los loables
sacrificios y tenacidad de aquella ilustre familia por conseguir la independencia
nacional. Sin embargo, en cuanto a la independencia se refiere, el folklor
musical ha tenido su predilección por cantarle al guerrillero Manuel Rodríguez.
Pareciera que de la tinta de los poetas y de las voces de las cantoras el
guerrillero vuelve a cobrar vida una y otra vez, de modo romántico, épico. Pero
la poesía en honor a Rodríguez no solamente aborda la temática de sus proezas,
sino también se menciona a menudo su trágica muerte en mayo de 1818, a manos de
un subsector del bando patriota y bajo la conducción de Estado de otro
denominado padre de la patria.
Veremos a continuación algunas obras poéticas y
musicales que tratan sobre Manuel Rodríguez:
Nombre de la obra: Manuel Rodríguez (Texto de Neruda)-Tonada a Manuel Rodríguez (Título de la obra musical)
Autor: Pablo Neruda
Año: 1946
Texto: Canto General. Capítulo 4.
Arreglo musical: Vicente Bianchi
Intérprete: Silvia Infantas y los Baqueanos (1955)
Fuente: https://discotecanacionalchile.blogspot.com/2016/08/silvia-infantas-y-los-baqueanos.html
Señora, dicen que donde,
mi madre dice, dijeron,
el agua y el viento dicen
que vieron al guerrillero.
Vida
Puede ser un obispo,
puede y no puede;
puede ser sólo el viento
sobre la nieve:
sobre la nieve, sí,
madre, no mires,
que viene galopando
Manuel Rodríguez.
Ya viene el guerrillero
por el estero.
Saliendo de Melipilla,
corriendo por Talagante,
cruzando por San Fernando,
amaneciendo en Pomaire.
Pasión
Pasando por Rancagua,
por San Rosendo,
por Cauquenes, por Chena,
por Nacimiento:
por Nacimiento, sí,
desde Chiñigüe,
por todas partes viene
Manuel Rodríguez.
Pásale este clavel,
vamos con él.
Muerte
Que se apaguen las guitarras,
que la Patria está de duelo.
Nuestra tierra se oscurece:
Mataron al guerrillero.
En Til-Til lo mataron
los asesinos,
su espalda está sangrando
sobre el camino:
sobre el camino, sí,
quién lo diría,
él, que era nuestra sangre,
nuestra alegría.
La tierra está llorando.
Vamos callando.
FUENTE: https://soloartistaschilenos.cl/lanzan-biografia-de-silvia-infantas-la-mujer-mas-escuchada-del-folclor-chileno/
Este reconocido poema de Pablo Neruda pertenece a su libro Canto General (1946) del capítulo número cuatro, denominado los libertadores. Fue musicalizado por Vicente Bianchi, e interpretado por Silvia Infantas y el grupo los Baqueanos, estrenado en 1955 y luego, después de algunos años, se incluyó en el disco titulado “Música para la historia de Chile” (1959)[4]. Si bien se trata de un poema escrito individualmente por el nobel de literatura (1971), a los pocos años fue desarrollada musical y vocalmente por un conjunto de artistas. El poema es fundamentalmente una cueca, dividida en vida, pasión y muerte del prócer (Aunque musicalmente se ha presentado esta obra como una tonada)
En la primera estrofa se mencionan los rumores acerca del paradero del guerrillero. Nunca se sabe dónde estuvo o en dónde está. Eso lo convierte en héroe, en inmortal. Los rumores falsos respecto a su paradero, muchas veces echados a correr adrede para despistar aún más a sus desorientados perseguidores, generaban mayor desazón en las autoridades realistas y en el regimiento de los crueles talaveras de la reina. En la segunda estrofa se cuenta de lo astuto que era el fugitivo para disfrazarse y ocultarse de sus enemigos. Como diría uno de los versos del poema, “puede y no puede” ser esto o aquello. Rodríguez no solamente se hace pasar por un campesino borracho o por un elegante extranjero, también se funde con el paisaje de montañas y valles, se pierde por entre matorrales, y es la sombra que galopa raudo bajo el follaje. La silueta del guerrillero se mimetiza con la noche, se pierde en la nieve y lo protege la niebla de los ojos de los españoles; se vuelve fantasma, se multiplica por doquier.
En la cuarta y quinta estrofa del poema se nombran algunos pueblos y localidades de la zona central. Por un lado se mencionan algunos puntos estratégicos donde el guerrillero y sus colaboradores habrían atacado cuarteles realistas, mientras que por otro se mencionan localidades donde también pudo haberse ocultado de sus perseguidores. En el poema se nombra en primera instancia a Melipilla, ciudad en la que Rodríguez y sus ayudantes habrían organizado un asalto durante una veraniega madrugada de principios de enero de 1817, a un mes de que el Ejército Libertador, compuesto por criollos y trasandinos, cruzara la cordillera de los Andes y combatiera en suelo chileno. También se menciona a San Fernando, ciudad en la que habría colaborado en otro ataque. Se debe recalcar que Rodríguez recorría grandes distancias en su rol de guerrillero, con el propósito de obtener información, conseguir ayuda, organizar asaltos y desmoralizar al enemigo.
De la estrofa séptima a la novena
se aborda el destino fatal de Manuel Rodríguez. Y se nombra a Tiltil, localidad
en la que el prócer fue ejecutado por soldados del bando patriota. Además se
describe un aspecto importante del asesinato, pues aparte de las balas su
cuerpo recibió heridas de espada y fusil. También se comenta el sufrimiento del
pueblo por la muerte del guerrillero; fallece el portador de la luz popular, y
por ello la patria se eclipsa por la ausencia del héroe, y los patriotas
comienzan a vivir el duelo.
EL CAUTIVO DE TILTIL
Autor: Patricio Manns
(PATRIO MANNS Y SILVIA URBINA, EL FOLKLOR NO HA MUERTO, MIERDA, 1968)
Por unas pupilas claras
que entre muchos sables
viera relucir,
y esa risa que escondía
no sé qué secretos,
y era para mí.
Cuando altivo se marchó
entre gritos de alguacil
me dolió un presentimiento*
al verlo partir.
Dicen que es Manuel su nombre**
y que se lo llevan
camino a Til-Til,
que el gobernador no quiere
ver por La Cañada
su porte gentil.
Dicen que en la guerra fue
el mejor y en la ciudad
le llaman el Guerrillero
de la libertad.
Sólo sé que ausente está,***
que le llevan los soldados,
que amarrado a la montura
la tropa lo aleja de su General.****
Sólo sé que el viento va
jugueteando en sus cabellos
y que el sol brilla en sus ojos
cuando le conducen
camino a Til-Til.
Dicen que era como un rayo
cuando galopaba
sobre su corcel
y que al paso del jinete
todos le decían
por nombre: Manuel.*****[5]
Yo no sé si volveré
a verle libre y gentil,
sólo sé que sonreía
camino a Til-Til.
(ROJAS LUIS, LUIS (1904) ASESINATO DE MANUEL RODRÍGUEZ)
FUENTE: https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Rodr%C3%ADguez_Erdo%C3%ADza#/media/Archivo:Asesinato_de_Manuel_Rodr%C3%ADguez(2).jpg
El cautivo de Tiltil es una de las más célebres composiciones poéticas y musicales de Patricio Manns junto a la cantautora Silvia Urbina. La canción fue lanzada en un singles de 1967, y se ha editado en numerosos discos por aquel prolífico compositor, tanto en estudios como en vivo. De acuerdo a su discografía, se incluyó por primera vez en un álbum en el que hizo dúo con Silvia Urbina, “El folklor no ha muerto, mierda”, lanzado en 1968. Posteriormente la canción la fue incluyendo en varios álbumes en vivo. Como solista Y con los años aquella tonada no solamente fue teniendo distintos arreglos musicales, sino también algunas modificaciones en su letra.
En el poema, como su título indica, el cantautor aborda la cautividad de Manuel Rodríguez en la localidad de Tiltil. A diferencia del de Neruda, composición poética en la cual también se hace mención a su fatal destino, Manns aborda en específico, y de modo detallado, el momento previo a su ejecución. En la composición se narra el traslado del guerrillero, en calidad de detenido, desde la cárcel de San Pablo en Santiago rumbo a Quillota.
En la segunda y cuarta estrofa del poema se detallan aspectos que el pueblo comenta de Rodríguez: que era el mejor ciudadano, que tenía una gran habilidad como jinete y que gozaba de apoyo popular. Aquel sujeto es de renombre, se consagró ante sus conciudadanos (Hay que aclarar que los ciudadanos en aquella época corresponden a un grupo muy reducido de individuos), y los habitantes del campo y la ciudad se enteran que se “lo llevan los soldados”. Sin embargo, en “el cautivo de Tiltil” se agrega algo más. En las estrofas uno y tres el narrador no solo se basa en lo que se rumorea o se cuenta de Rodríguez, sino que pasa a ser un testigo clave del fatídico acontecimiento, un observador de un hecho histórico, cuando el prócer, bajo la custodia de los uniformados, fue conducido en dirección al paradero terminal de su vida.
Otro aspecto importante de
la composición, detallado en las estrofas uno y cinco, consiste en que el yo
literario o narrador expresa una intuición de lo trágico, pues tiene la triste
certeza que el guerrillero no regresará. En la estrofa uno, al narrador “le
dolió o le nubló un presentimiento” (Dependiendo de las diferentes versiones
que haya hecho su autor en su extensa producción musical) cuando Rodríguez fue
sacado de Santiago. Quien habla tiene esa funesta corazonada que, a medida que transcurren
los acontecimientos, su intuición le da la razón, y el fatal destino del
insigne detenido se va desentrañando.
En la última estrofa, si
bien el narrador no asegura que no lo volverá a ver libre, expresa sus dudas.
No se equivoca cuando es trasladado por militares y lo ve sonreír, signo de la
inocencia del caudillo ante las crueles garras de la muerte. Tiltil es el lugar
donde fallece el guerrillero de los humildes y a la vez el nido donde nace el
mártir popular. El 26 de mayo de 1818 finaliza la vida de Manuel Rodríguez para
que surgiera el Manuel Rodríguez histórico, el personaje legendario, y una
fuente de inspiración para el arte popular y el folklor musical a lo largo del
tiempo.
La muerte del guerrillero Rodríguez sigue siendo un punto de debate historiográfico, como lo fue el punto preciso de su ejecución, entre otros aspectos. Según una de las versiones, “El lugar exacto de la muerte parece que fué el de la Cancha del Gato o de las Ancuviñas, cerca de un maitén a una legua de las casas de Polpaico [6]
VERSOS POR MANUEL RODRÍGUEZ
Intérprete: Héctor Pavez
Autor: José Riel
Producción: Folklor de Chile. Volumen 2. (1970)
Al popular guerrillero,
asesinado en Til-til,
mi homenaje y mi sentir
emocionado y sincero.
Manuel Rodríguez, patriota,
popular por excelencia,
porque tuvo consecuencia
Ay sí, ay que sí.
Hacia el pueblo con ojotas.
Rosa, Romero y el alelí.
Él no aceptó que la bota
del invasor extranjero
explotara nuestro suelo,
saqueara nuestras riquezas.
Hoy le canto mis tristezas,
sí, hay que sí,
al popular guerrillero.
Rosa, romero y el alelí.
Del pueblo fue conductor
en su lucha nacional.
Él fue el héroe popular
Ay sí, hay que sí.
De la libertad el motor.
Rosa, romero y el alelí.
Por eso que con amor,
mi corazón al latir,
lamenta su triste fin,
y condena al criminal.
Caíste por un chacal,
Ay, sí, hay que sí,
asesinado en Tiltil.
Rosa, romero y el alelí.
Lo copihues se enlutaron,
la cordillera tronó,
la nieve derritió,
Ay sí, ay que sí,
Los canarios se han callado.
Rosa, romero y el alelí.
Cuando a ti te asesinaron,
el pueblo dio su gemir.
No te pudo despedir:
los malvados te ocultaron.
Hoy día te recordamos.
Sí, hay que sí,
mi homenaje y mi sentir
Rosa, romero y el alelí.
En Tiltil en el camino,
terminaron tu existencia.
No te tuvieron clemencia,
Sí, ay que sí,
los cobardes asesinos.
Rosa, Romero y el alelí.
A la sombra de un espino
te dejaron hecho ernero,
y te encontró un ovejero
que en tu suelo te enterró.
Homenaje te rindió
Ay, sí, hay que sí.
Para el héroe popular.
Rosa, Romero y el alelí.
Por fin he de terminar
Mi homenaje cariñoso.
Para el patriota valioso,
Ay, sí, hay que sí.
Para el héroe popular,
Rosa, romero y el alelí.
Para el soldado ejemplar,
que entregó su vida entera
por una causa sincera
con un valor sin igual.
Gloria al héroe nacional,
ay, sí, hay que sí,
que defendió nuestra tierra.
Rosa, Romero y el alelí.
“Los versos a Manuel Rodríguez” es una obra poética y musical de José Riel e interpretada con el original y emotivo estilo de Héctor Pavez en 1970, en su producción musical titulada “El folclor de Chile. Volumen XX. [7]
Al igual que las obras anteriores, esta composición aborda el asesinato y también el amor y devoción que el pueblo le profesa a Manuel Rodríguez. Si bien este poema no parece diferenciarse respecto a otros que tratan acerca del personaje en cuestión, no deja de ser interesante la riqueza poética de las imágenes que nos ofrece la letra.
En la segunda estrofa se afirma la importancia que tiene Manuel Rodríguez en el mundo de los humildes. El abogado y luego guerrillero es “popular por excelencia”. Y la cultura campesina manifiesta de modo evidente el favoritismo hacia la figura de aquel que luchó por la independencia junto a los más desfavorecidos. Además no solamente combate junto a los pobres, también se proyecta “hacia el pueblo con ojotas”, se convierte en un roto más. Y se produce esa pugna entre las ojotas libertadoras de los patriotas y las opresoras botas de los soldados del rey.
En la tercera estrofa se puede dilucidar el contexto histórico de mitad del siglo XX en el que se desenvuelve José Riel, autor de aquellos versos, y oriundo de Tiltil, la misma localidad en la que muriera el guerrillero Rodríguez. Cuando mencionamos a Riel, nos referimos a un poeta ferroviario, sindicalista y obreril, de contenido social y popular, y de tendencia de izquierda, lo que llevó a que el autor tuviera una clara postura antinorteamericana y antioligárquica. Y es sabido que, en el caso chileno, los capitalistas norteamericanos tenían cierto dominio de los recursos mineros en el siglo XX, entre otras actividades económicas. El compositor menciona en su letra la lucha de Rodríguez por la soberanía nacional, el cual intenta evitar que el extranjero invasor se apropie y explote las riquezas del suelo patrio. Si bien es cierto que la independencia nacional implica asegurar la soberanía, pero la discusión por nacionalizar o recuperar los recursos naturales en Chile para Chile fue más propio del siglo XX que de 1818, en el contexto del neocolonialismo norteamericano en Latinoamérica. Cabe afirmar que, el autor, de modo consciente o no, en “Versos a Manuel Rodríguez” (Obra vinculada a una época histórica) termina por plasmar su propia posición política y su propia realidad histórica.
Hablamos de inicios de la segunda mitad del siglo XX, y América Latina vive en carne propia la Guerra Fría (1947-1991), la denominada tensión geopolítica entre dos superpotencias que pretenden imponer su ideología por sobre la de su rival. La región latinoamericana es una zona dominada en lo político y económico por EE.UU (Excepto Cuba, vinculada a la URSS). Sin embargo, surgen durante el siglo XX movimientos subversivos antiimperialistas y corrientes contrarias a toda injerencia norteamericana. En el caso chileno, durante los años 50 a 70, se consolida todo un movimiento contrario al manejo de las empresas norteamericanas en la extracción cuprífera y en favor del manejo estatal. Se aboga por la nacionalización del cobre y porque Chile sea autónomo de las decisiones de la Casa Blanca. En otras palabras, si bien el autor alaba a un héroe de la independencia, el poeta también ve en Rodríguez un luchador social. Por lo tanto existiría una continuidad histórica de la lucha popular contra los opresores, una constante histórica, una subversión extensiva en el tiempo en pro de las reivindicaciones populares, sea contra la injerencia de la España colonial del siglo XIX, sea contra el imperialismo norteamericano durante el siglo XX y su política exterior. En síntesis, la letra valora a quien defiende las riquezas naturales de la nación de todo tipo de invasores. En el texto titulado “Manuel Rodríguez, un revolucionario, pícaro y turbulento” de Maximiliano Salas, se menciona que los versos de José Riel fueron presentados “en el primero Congreso Nacional de Poetas y Cantores realizado en 1954.[8]
En las estrofas séptima y
octavas se menciona uno de los aspectos más polémicos de la ejecución política de Manuel Rodríguez,
hecho por sí mismo polémico. Sus asesinos no solamente lo matan de despiadada
manera, sino que realizan una serie de irregularidades, como lo fue el ocultamiento
de su cadáver, entre otros aspectos. Tampoco existe una versión única en cuanto
al sitio en el que el guerrillero fue inhumado. Existen diversas versiones, y
la historiografía vuelve a entremezclarse con la oralidad popular. Según el
texto de Ricardo Latcham, titulado “La vida de Manuel Rodríguez”, “su amigo don Bernardo Luco se encaminó a
Tiltil, y noticiado del sitio donde se hallaba sepultado, lo hizo desenterrar”[9]
(Pág.271). En el poema de José Riel, se menciona que un ovejero le habría dado
digna sepultura. Por último, es necesario recordar que, recién en 1895, los
restos de Manuel Rodríguez habrían sido nuevamente exhumados de Tiltil, para
ser trasladados al Cementerio General en Santiago. Sin embargo, quedan muchas
dudas respecto a si aquellos restos corresponden a los del guerrillero patrio.
Aún hay muchos cuestionamientos respecto al verdadero paradero el cadáver.
LOS HÚSARES DE LA MUERTE [10]
Autor: Chito Faró (Enrique Motto Arenas) y Porfirio
Díaz)
Al son de cajas y clarines,
jinetes sin frenos,
peleando en todos los confines
del suelo chileno.
Cortadas las cadenas ruines
con ímpetu fuerte,
los húsares de la muerte
supieron luchar.
La patria no se dejó
por el extraño avasallar.
Manuel Rodríguez la adoró
como a la novia ante el altar.
Bernardo O´Higgins la fundó,
cual legendario paladín
y fue su santo defensor
San Martín.
Gloria, tu sin par memoria,
altanero quiero montonero
Guerrero para ti la historia
su voz del Don te alzó
Sirva tu valiente ejemplo
de templo para los soldados,
de Chile sienten resguardados
su honor.
Y en fecha tu nefasta suerte
Glorioso Rodríguez,
los húsares de la muerte
supieron luchar.

(LOGO DE LOS HÚSARES DE LA MUERTE)
Esta composición poético musical (Probablemente creada en mitad del siglo XX) fue escrita e interpretada por Enrique Motto Arenas, más conocido en el mundo artístico como Chito Faro, el gran y olvidado cantautor que comenzó su carrera en los años treinta, y creador del “Si vas para Chile”, una célebre tonada. En lo instrumental tuvo el acompañamiento de Porfirio Díaz, reconocido músico y director de orquesta. Con un estilo entre la ranchera y la milonga, dicha composición aborda la figura de Manuel Rodríguez, pero más directamente sobre los “húsares de la muerte”, una romántica y singular milicia de ciudadanos que creó el guerrillero, a meses que los realistas perdieran definitivamente el dominio territorial de la zona central del país.
Eran los primeros días de
otoño de 1817. Los españoles volvían por el sur a intentar dominar la rebelde
provincia de Chile. Y en las proximidades de Talca, el bando patriota,
comandado por O´Higgins y el argentino José de San Martín, sufre una dolorosa y
desfavorable derrota a manos del bando realista. Miles de soldados patriotas
huyen despavoridos desde la actual región del Maule hacia Santiago. Las
noticias que llegaban a la capital no eran alentadoras. Se hablaba incluso de
la muerte de Bernardo O’Higgins. Y por ello muchos chilenos intentaron huir.
Preparaban las mulas y los caballos para cruzar la cordillera, nuevamente, con
destino a Mendoza. Y es en ese momento, de angustia y desesperación de los
habitantes, que aparecería, con voz firme y con gran liderazgo, el caudillo
Manuel Rodríguez, para decirles a sus conciudadanos que no era tiempo de huir,
como ya había ocurrido tras la batalla de Rancagua en octubre de 1814. Rodríguez
llama a enfrentar al enemigo, y según lo que se cuenta, habría dicho. -! Aún tenemos patria, ciudadanos!
(LOS ANTIGUOS JINETES DEL CUADRO NEGRO-LOS HÚSARES DE LA MUERTE)
Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/H%C3%BAsares_de_la_Muerte#/media/Archivo:Cuadro_Negro_-_H%C3%BAsares_de_la_Muerte.JPGEn ese contexto y por esos días, de modo improvisado y
no de forma muy disciplinada, Rodríguez crea los “húsares de la muerte”, un
cuerpo militar de caballería no profesional. ¿El número? Posiblemente no más
allá de unos centenares de hombres. El jefe de aquella milicia, Manuel
Rodríguez, habría vestido su legendaria casaca del húsar de la muerte. Se
trataba de una chaqueta negra que tenía en el brazo el logo de una calavera blanca
y debajo de ella dos tibias cruzadas. Rodríguez la usó a menudo, mas no hay
evidencias que acrediten que el resto del escuadrón usaba la misma vestimenta, pues
los soldados se armaron y se vistieron como pudieron para enfrentar a los
realistas. ¿Pero cómo fue que surgió aquel quijotesco escuadrón? En esos
momentos de angustia ante un nuevo sometimiento español, Rodríguez convoca a
ciudadanos y conocidos suyos, y entrando a la maestranza, sin permiso alguno de
los generales, reparte armas para defenderse de los realistas, terminando por
formar una milicia (Algunos consideran que los “Húsares de la muerte fue una
organización paramilitar, y otros estiman que fue un grupo más bien
complementario al ejército) de corta vigencia, y de participación acotada en
las batallas. Sin embargo, sus acciones y su simbología tendrían un poderoso
efecto legendario en la memoria de la oralidad popular y en la historia
nacional.
Volviendo a la obra de Chito
Faró y de Porfirio Díaz, en la primera estrofa el autor menciona que se lucha
en todos los “confines del suelo chileno”. Con el objetivo de hacer una
aclaración, se debe considerar que tal afirmación es un ejemplo más de la frecuente
exageración que los cantores suelen hacer para enfatizar la magnitud de algún
hecho. En primer lugar se debe tener en
cuenta que a principios del siglo XIX el territorio nacional era más acotado de
lo que es hoy. Su extensión comprendía desde el desierto de Atacama por el
norte al río Biobío por el sur (La zona de la Araucanía pertenecía a las
comunidades indígenas, Valdivia y el archipiélago de Chiloé siguieron estando
bajo el dominio realista durante algunas décadas). Por lo tanto las disputas no
se habrían realizado a lo largo de todo el territorio chileno como lo conocemos
hoy. En segundo lugar las clases sociales más desfavorecidas no tuvieron una
participación masiva en la Guerra de la Independencia (1810-1818) por
considerarla un conflicto exclusivamente de señoritos. Esta postura habría
cambiado al menos en la zona central, cuando al final de la guerra los sectores
populares se inclinaron por la causa patriótica. Debemos considerar que la
Guerra de la Independencia se desarrolló fundamentalmente en la zona centro, y
en la zona norte no hubo mayores conflictos. De hecho, en el texto “De la indiferencia a la resistencia. Los
sectores populares y la Guerra de Independencia en el norte de Chile” de
Igor Goicovic, se afirma que “a lo menos
en las regiones de Atacama y Coquimbo, el reconocimiento y apoyo irrestricto a
los patriotas no se puede observar con claridad.” (Goicovic; Pág.131).
(CHITO FARÓ)
Fuente: https://ms-my.facebook.com/documentosyjoyasdelfolclorechileno/posts/498599354284030
De todos modos no podemos negar que la Guerra de la Independencia fue un proceso de largos años, y que implicó una serie de cruentas batallas, aunque con largas pausas, pues en invierno los temporales y las crecidas de ríos obligaban a una recisión estacionaria de la guerra, además de otro tipo de pausas producto de algunas treguas, como lo fue el Tratado de Lircay de 1813. Pero concordando con el autor, es cierto que el conflicto fue intenso y que en muchas localidades de la zona central, si no hubo una batalla, se produjo algún motín patriota, alguna correría, alguna persecución o encontrón entre ambos bandos.
¿Pero qué fue lo que motivo que los sectores populares, indiferentes a un conflicto de señoritos, se abanderaran por la causa de la independencia? La Reconquista de la corona española fue muy cruel en América. En el caso chileno los sectores populares también sufrieron las torturas y humillaciones de los godos durante esos tres años, los que van de 1814 a 1817. Pues bien, era principios de 1818, y de boca en boca se comenta que transportes marítimos del bando realista, provenientes del Perú, han atracado en el sureño puerto de Talcahuano con destino a Santiago, y su propósito es realizar una segunda contraofensiva colonial para barrer de sur a norte con la insurgencia patriota. El fantasma del desastre de Rancagua provoca pánico en la muchedumbre, y la elite criolla intenta motivar a las clases bajas para adherirse a la lucha independentista, aunque nunca lograría una adhesión completa. El triunfo patriota en la batalla de Maipú del 5 de abril de 1818 motivó a que un mayor número de habitantes se sumara. La figura de Manuel Rodríguez y sus húsares contribuyó también en ello.
En la segunda estrofa se mencionan dos aspectos. El primero es que el pueblo ha recobrado la libertad, ha finalizado el yugo español. La segunda es que los húsares de la muerte supieron cumplir en su rol de custodios de la soberanía nacional y libertadores de los sectores más desfavorecidos, a pesar de la negativa de O´Higgins por aceptarlos como parte del ejército y como parte del éxito patriota.
En la tercera y cuarta estrofa se hace mención a tres figuras gravitantes en la independencia. Uno de ellos es el guerrillero Rodríguez, el padre del escuadrón de los húsares. No obstante, el autor menciona a los otros próceres, detallando sus méritos y sacrificios. Chito Faró menciona, en primer lugar, la incondicionalidad de Rodríguez por la liberación de la patria como si ella fuera “una novia ante el altar” y, en segundo lugar, valora a O´Higgins como el fundador del naciente país. Pero también señala la importancia del General trasandino José de San Martín, quien organizó y lideró el Ejército Libertador que logró el objetivo de cruzar los Andes y desarticular el poder español en el Chile central. Se debe tener en cuenta que, al menos entre Rodríguez y San Martín, hubo un trabajo colaborativo. Manuel Rodríguez le cumplió al general trasandino en las labores de espionaje y realizó la guerra de guerrillas con el fin de desestabilizar a los realistas, y San Martín le ayudó a financiar la revolución y también lo con hombres y armas. “Las armas entran por la cordillera y los dineros y pistolas están circulando ya.” [11] y “Otras veces solicita con furor que se le remitan objetos para sus amigas y chucherías destinadas a ganarlas” [12]
En la quinta estrofa se menciona la importancia de Rodríguez en la historia nacional. Las circunstancias y su espíritu irreductible lo elevan a la cúspide de lo legendario y de lo épico.
En la sexta estrofa se menciona el legado que habría dejado al ejército de Chile el guerrillero Manuel Rodríguez y su cuerpo miliciano.
En la última estrofa el autor menciona de modo indirecto el trágico final del prócer popular. A diferencia de las tres obras anteriores, no se hace referencia respecto al asesinato político. No obstante, expresa que a pesar de su trágico final la milicia de Rodríguez contribuyó en la lucha de la independencia, pese a la breve existencia de este grupo y lo improvisado que resultó. Cabe agregar que, el regimiento de “Los húsares de la muerte”, como cuerpo militar, desaparece un mes antes del asesinato de Manuel Rodríguez.
La canción “Los húsares de
la muerte” no habría sido la única composición poética y musical que Chito Faró
le dedicara a Manuel Rodríguez. En su disco “Canciones para mi patria, volumen
II”, la canción titulada “Manuel Rodríguez” es la primera del lado A de su
disco. Dicha canción refiere al rol libertador del guerrillero, y también,
según la letra, habría sido pregonero de la libertad. En la última estrofa de
dicha composición, se versa lo siguiente:
“Flamean los tres colores,
de los Andes hacia el mar.
Manuel Rodríguez galopa
anunciando la libertad”
CONSIDERACIONES FINALES
Antes de terminar con este artículo, es necesario realizar algunas consideraciones finales. En primer lugar, dadas las obras literarias y musicales presentadas, es posible afirmar que Manuel Rodríguez es el personaje del proceso de la independencia del que más se haya cantado y escrito. Como afirmó el poeta obrero, José Riel, Manuel Rodríguez “es popular por excelencia”. Más allá de importantísimos personajes que participaron en el proceso de la emancipación nacional, ningún otro logró el favoritismo de las guitarras de las cantoras ni la pluma de los poetas. El abogado aristocrático gustó al pueblo en vida, y siguió gustando; el arte y folklor musical le fueron dando vida a su leyenda, representando el espíritu de lo popular y de la rebeldía. Llama la atención, eso sí, que si bien en la mayoría de las obras se comenta el asesinato y ocultamiento del prócer patrio, nunca se menciona a los responsables materiales e intelectuales de su asesinato. No se menciona a oscuros personajes como el argentino Angulado, Navarro y Álvarez. Más complejo resultaría mencionar a O´Higgins, pues se le considera un personaje trascendente y fundacional para Chile. No obstante, también se le responsabiliza por la muerte de Rodríguez, cuando en ese entonces ocupaba el cargo de Director Supremo (1818-1823). En cartas escritas por él hay indicios de su anhelo por alejar a Manuel Rodríguez del poder político, invitándolo a salir voluntariamente del país. Incluso hay indicios en sus escritos de hacer desaparecer todo aquello que fuese perjudicial al orden que, según él, la patria requería.
Por último, ya para
concluir, así como los retratos de Manuel Rodríguez fueron realizados luego de
muchos años de su muerte, los relatos acerca de sus gestas, en su gran mayoría
orales, también fueron escritas algunas décadas después de su deceso. No
resulta sencillo diferenciar lo legendario y lo real del guerrillero. Sí es
posible aventurar que toda leyenda puede tener algún asidero real, y las cartas
escritas por Manuel Rodríguez demuestran que aquel libertario era un tipo sagaz,
de ironía fresca, con ideas poéticas acerca de la patria de la cual él soñaba
liberar. No hablamos de un ser humano en la que no existieran sombras o
turbiedades, pero sí es posible afirmar que Manuel Rodríguez es uno de los
personajes más excéntricos, queridos e increíbles de la historia de Chile. No
por nada, como afirmó Ricardo Latcham, el guerrillero Rodríguez habría sido el
primer demócrata del país (Latcham; pág.190), y otros después agregarían que fue el primer detenido
desaparecido en los albores de nuestra historia como país soberano. Lo cierto
es que la cultura folklórica ha contribuido en la visión de una construcción histórica
de una figura emblemática del patriotismo más popular.
Jorge García. Pedagogía en
Historia, Geografía y Ciencias Sociales y Licenciado en Educación.
REFERENCIAS
BIBLIOGRAFÍA
Goicovic, Igor (2014). De la indiferencia a la
resistencia. Los sectores populares y la Guerra de Independencia en el norte de
Chile (1817-1823)* Universidad Santiago de Chile. Revista de indias, vol.
LXXXIV. n260. Págs.129-160
Latcham, Ricardo (1932) Vida de Manuel Rodríguez.
Editorial Nascimiento. Chile, Santiago. [Recuperado de: http://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/visor/BND:7967]
Neruda, Pablo (1946). Canto General. Capítulo los
Libertadores. Manuel Rodríguez. De bolsillo. Ed 1. Buenos Aires, Argentina,
p.126-127.
Salinas, Maximiliano (2007). El espíritu carnavalesco
y la defensa de la tierra: Las poesías populares C.M.H.L.B Caravelle. N°88. Toulouse, p.31-47
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patria. Vol.2. [Long Play]
Infantas, Silvia y los Baqueanos; Bianchi, Vicente
(1959) Tonada de Manuel Rodríguez. Música para la historia de Chile. [Long
play]. Santiago, Chile. Odeón
Manns, Patricio (1967). El Cautivo de Tiltil. [Single]. Chile. CBS – 50.004
[1] La
música en la revolución mexicana. 10 de Enero de 2013.
https://www.youtube.com/watch?v=qCKBwG8yeeU&list=PLoVsHv_9s225pNnywA9saVo0F-G2Hm-O3.
9 de octubre de 2020
[2] Ricardo Latcham, pág.31
[3]
Ricardo Latcham, pág.14
[4] Silvia Infanta y los Baqueanos (Sin
fecha). Recuperado el 8 de octubre de 2020, de https://www.musicapopular.cl/grupo/silvia-infantas-y-los-baqueanos/
[5] El
cautivo de Til-Til (Sin fecha)
Recuperado el 8 de octubre, de https://www.cancioneros.com/nc/6288/0/el-cautivo-de-til-til-patricio-manns
[6] Ricardo Latcham. Págs. 271-272
[7] Hector
Pavez – Canto Popular. El Folklore de Chile Vol. XX (Sin fecha). Recuperado e
l9 de octubre de 2020 https://www.discogs.com/es/Hector-Pavez-Canto-Popular-El-Folklore-de-Chile-Vol-XX/release/5627169
[8] Maximiliano Salas. Pág. 44
[9] Ricardo Latcham. Pág.271
[10] Los
húsares de la muerte. La
milonguita Pereira. Subido el 28 de abril de 2020. Recuperado el 2 de octubre
de 2020. https://www.youtube.com/watch?v=yrxWjYD04pY
[11] Ricardo Latcham. Págs.154-155
[12] Ricardo Latcham. Pág. 154







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